Fomentar la consolidación de una sociedad intercultural. Es el objetivo de la Guía sobre las Competencias Interculturales elaborada por la Asociación Desarrollo Comunitario Internacional (DECCO Internacional) para dilucidar las diferencias entre la población inmigrante y la de acogida.
Por Isabel Barragán
La Asociación Desarrollo Comunitario Internacional (DECCO Internacional) trabaja por la integración de la sociedad inmigrante en Andalucía desde hace más de doce años. Con la finalidad de hacer de nuestra sociedad una comunidad donde la diversidad cultural sea rica y enriquecedora, DECCO Internacional presentó la Guía sobre las Competencias Interculturales el pasado 18 de noviembre en las Jornadas de reflexión y conferencias sobre la inmigración de cara a la crisis.
En esta reflexión no sólo tuvo cabida la apuesta por la interculturalidad a través de esta guía, sino que se puso encima de la mesa la situación de la población inmigrante en un contexto de crisis socio-económica, donde las dificultades se acrecientan para este colectivo. Pero el acto dio aún más de sí, al tratar sobre el trabajo de cuidadores/as a personas dependientes, ardua labor asociada a la población inmigrante.
En el primer punto, al abordar la situación de la inmigración en España, el presidente de DECCO Internacional comenzó con un breve recorrido por la historia reciente. Como explicaba Jean Rémy Lamaré Mongbet, entre 2001 y 2008 España vivió un periodo de expansión económica al que contribuyó enormemente la población inmigrante, una expansión que también fue posible gracias a la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral. En este periodo aumentó la llegada de población inmigrante. En Europa, en 2001 la población extranjera suponía el 4,5%, y en 2008 el 6,2%. En cuanto a España, en 2001 la población extranjera alcanzaba el 2%, mientras que en 2008 suponía el 11,6%, según los datos proporcionados por Jean Rémy Lamaré.
Sin embargo, en el periodo actual de crisis económica la situación de este colectivo ha cambiado. Para Jean Rémy, el impacto de la crisis en la población inmigrante varía en función del modelo productivo de las economías europeas. En este sentido, el impacto será menor en la población inmigrante de países cuyos modelos productivos se basen en las nuevas tecnologías. El impacto negativo es más pronunciado en países con sectores sensibles a los ciclos económicos, como la construcción en España.
En el proceso de recuperación económica se exige mayor formación y competitividad, y la población inmigrante contribuirá de forma imprescindible en este proceso.
Por otra parte, las jornadas abordaron también la política migratoria en Andalucía, de la mano de Israel Adán Castilla, jefe del servicio de estudios y planificación de la dirección general de coordinación de políticas migratorias de la consejería de Empleo de la Junta de Andalucía. Israel Adán Castilla explicaba cómo, según los datos del Observatorio Permanente Andaluz de las Migraciones (OPAM), con la crisis ha descendido el número de inmigrantes que llegan a España y a Andalucía. Desde 2008 se ha producido una ralentización en el ritmo de llegada, dándose así un estancamiento del crecimiento. Además, a partir de 2008 se produjo un decrecimiento de la población inmigrante activa. Desde entonces, la tasa de población ocupada ha ido disminuyendo. El sector de la construcción ha sido de los más castigados, junto con los del comercio y la hostelería. Por otra parte, el colectivo más perjudicado es el africano, que ha pasado de ocupar puestos en el sector de la construcción a la agricultura.
La dirección general de coordinación de políticas migratorias de la consejería de Empleo realiza los estudios OPIA sobre la actitud y la opinión de los andaluces ante la inmigración. Según el estudio de 2010, gran parte de los encuestados tiene una opinión funcionalista sobre la inmigración o, lo que es lo mismo, piensa que los inmigrantes son necesarios cuando lo exige el mercado de trabajo. No obstante, el proceso de integración no puede basarse en un enfoque funcionalista que limite la llegada de inmigrantes a la situación laboral del país.
Además, prevalece una opinión negativa, ya que el 37% pensaba que la inmigración tiene pocos o ningún efecto positivo. Este rechazo a la población inmigrante se intensifica cuando una importante parte de la sociedad está en situación de desempleo. En función de los datos obtenidos por el OPAM, el reto es superar el enfoque funcionalista y sustituir el discurso de la inmigración por el de la diversidad, desvinculando la inmigración de la mano de obra y, por tanto, abandonando la visión funcionalista. Además, dentro de la categoría de extranjero, hay diversas connotaciones, ya que parte de la sociedad no tiene la misma opinión sobre extranjeros procedentes de África o Sudamérica que sobre extranjeros cuyo origen es un país europeo o estadounidense.
Por otra parte, para la abogada Pastora Filigrana, de la Oficina de Derechos Sociales, la población inmigrante ha sido muy importante para el alzamiento económico de España, pero la política de extranjería no siempre ha sido proporcional a los servicios prestados por la población inmigrante, sino que cada vez es más estricta y reafirma la vinculación inmigrante-mano de obra.
Inmigración y dependencia
En la actualidad, un puesto de trabajo con importante presencia de la población inmigrante es el de cuidador/a de personas dependientes. Un trabajo duro que requiere grandes dosis de paciencia y empatía y que, tradicionalmente, no ha sido muy demandando por la población autóctona. Bárbara Badanta Romero, enfermera y formadora de cuidadores/as, ha destacado la labor de DECCO Internacional en la integración de la población inmigrante en la sociedad a través de su servicio de asesoramiento socio-laboral.
Desde DECCO, Bárbara explica que la formación de cuidadores/as es muy importante ya que en los últimos años ha crecido el número de personas mayores de 65 años. Al aumentar la edad de vida, también se ha incrementado el padecimiento de enfermedades crónicas que requieren a personas cuidadoras. Por ello, DECCO ofrece cursos básicos de 20 horas a la población inmigrante que se dedica a cuidar de personas dependientes. Esta profesión ha sido ejercida, tradicionalmente, por mujeres, aunque en la actualidad está creciendo la demanda por parte de hombres, según Bárbara Badanta, que reclama la formación en este ámbito ya que al igual que a un trabajador de una residencia se le exige un título, debe ocurrir lo mismo en el ámbito doméstico. Por ello, el trabajo de los cuidadores/as a nivel domiciliario debe ser reconocido en el ámbito sanitario ya que, de esta forma, mejorarán sus condiciones de trabajo.

