Violencia contra la mujer: ni un 25N más

Posted: 25 noviembre, 2011 by Raquel Cordón González in Actualidad, Género
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Pese a las medidas y esfuerzos institucionales no parece observarse una disminución de este fenómeno / M.

Pese a las medidas y esfuerzos institucionales no parece observarse una disminución de este fenómeno / M.

Por Belén Zurbano

Este viernes volvemos a conmemorar un nuevo 25N, ese día que la ONU estableció en 1999 como el “Día para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres” y en el que volvió a hacer hincapié en la definición amplia que debe adoptarse cuando se habla de “violencia contra la mujer”. Definición que pasa por entender ésta como cualquier acto de violencia basado en la condición histórica, social y cultural del género femenino como inferior al masculino y que puede tomar una multiplicidad escalofriante de formas, contextos y manifestaciones.

Las raíces de este fenómeno y la multiplicidad de formas en las que se manifiesta hace de él un problema complejo y tremendamente dificultoso de erradicar. La violencia de género es un fenómeno social caracterizado por su universalidad, su atemporalidad y su resistencia. Podemos definirla de un modo sencillo y clarificador, si bien poco detallista, como el daño o sufrimiento que ejercido contra la mujer por el hecho de serlo, cualquiera que sea su forma, y como fruto de la desigualdad tradicional entre los géneros. Es una violencia dirigida de múltiples formas a las mujeres por el hecho de serlo y que se ha dado –y se da- en todas las épocas históricas y en todos los contextos sociales, culturales y geográficos. Y que pese a las medidas que se han empezado a arbitrar en algunas partes del Globo, no cesa.

Los últimos datos a nivel nacional, desde 2003 (y en 2004 se aprobó la Ley Integral de Medidas contra la Violencia de Género, un salto cualitativo de importancia) hasta la actualidad, no reflejan una tendencia aparente en cuanto a muerte de mujeres en nuestro contexto. Y hablamos solamente de muerte, que es sólo una, la más trágica y sin esperanza posible, de esta violencia, obviando la cantidad de mujeres que no mueren por esta causa pero que ven mermada su calidad de vida por el sufrimiento y vejaciones constantes a las que están sometidas en su cotidianeidad.

Fuente: Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

Fuente: Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

Pese a todas las medidas y los esfuerzos institucionales, que se dan, no parece observarse una disminución de la presencia social del fenómeno. Se han obtenido otros logros, bien es cierto, como el incremento de denuncias o la deslegitimación social de los agresores. Sin embargo, todo parece apuntar a que es necesario arbitrar otro tipo de resortes. Como por ejemplo los educativos, que ya las organizaciones feministas llevan años denunciando que no se cumplen o no completamente. O las que afectan a la responsabilidad de los medios de comunicación.

Un rayo de luz en este sentido: el pasado jueves día 24, una página del diario Público no tenía desperdicio y me dejaba un atisbo a la esperanza del cambio en mi sector profesional dado a algunas desviaciones poco coadyuvantes en este sentido. En una misma página, una par (la 32), y bajo el nombre de sección Actualidad, se nos mostraban tres noticias: “Mujeres maltratadas cuentan su paso por una casa de acogida”, “Una afgana, condenada a cárcel por ser violada” y “Caso Marta: Las pruebas acorralan cada día más al hermano de Carcaño”. Desde contextos y con formas bien distintas, las tres noticias, que aparentemente pueden ser consideradas sucesos, tragedias, parece que no esconden para el periodista encargado de la sección su mínimo común denominador: la violencia contra la mujer.

Esta semana he tenido la oportunidad de trabajar con alumnos de bachillerato un taller denominado precisamente “Violencia de género: cosa de todos, cosa nuestra”. En una de las actividades, visualizábamos el cortometraje ganador del certamen “Menos es más, cine para ser la voz de quienes callan”. Y empezaba el debate entre los propios alumnos. Una chica de las que estaban allí dio rápidamente en la clave: “si la comida mala se la hubiera puesto su hermana, o su amigo, o su compañero de trabajo nada de lo demás habría pasado”.

Pero la realidad es que sigue pasando. Dentro de las casas y en los matrimonios (violencia física y económica) como en el ejemplo que poníamos a través del corto, pero también en las calles y en las discotecas entre novios (violencia psicológica y social), debajo de las faldas pashtunes en Afganistán (violencia sexual), y entre las piernas de una bebé en Somalia o Sudán (ablación). Y lo que cabe plantearse es si el conjunto de la sociedad es capaz de ver estas agresiones tan dispersas, tan desconectadas, como prácticas de un mismo problema, global y unitario que es la violencia contra la mujer y que se sustenta en que la mitad de la población decide por la población entera. Decidiendo si su papel es tener preparada la comida, si debe o no obtener placer de las relaciones sexuales o si debe o no salir sola al cine con un amigo.

Este viernes nos echaremos a la calle y nos acordaremos de todas y cada una de las que murieron, de las que sabemos que sufren y de tantas que no podemos ni imaginar. Pero yo, sólo quiero no tener que conmemorar más 25N. Y espero que eso llegue algún día.

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Comentarios
  1. Carla dice:

    Muy buen artículo Belén. Añadir que aún es más triste que esté disminuyendo la edad de las mujeres víctimas de violencia de género, parece que los tiempos pasan y la sociedad no evoluciona en una mayor valoración de la mujer. Somos más conscientes del problema, y está identificado, pero la realidad es que en muchos ámbitos se asume que la mujer debe complacer al hombre y ser sumisa antes él, parece que una mujer vale lo que le deje valer el hombre que tenga a su lado. No sé por qué pero las jóvenes de hoy en día sabemos valorarnos todavía muy poco al lado de los hombres. Espero que esto cambie cuanto antes, y nosotros tenemos una tarea muy importante como mujeres y como periodistas.

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