El siguiente texto reproduce el artículo publicado en el blog CiComunica, que analiza cómo el tratamiento que los medios de comunicación realizaron sobre la muerte de Vicente Ferrer ha contribuido a la idealización de su figura convirtiéndole en un héroe, en lugar de informar sobre su lucha contra la pobreza.
Por Leandro Fernández Miró, miembro del Foro Comunicación, Educación y Ciudadanía.
El viernes 19 de junio falleció Vicente Ferrer en Anantapur, India, creador de la Fundación que lleva su nombre y que se ha hecho conocida por llevar adelante proyectos para combatir la pobreza en esta región de La India.

La noticia no tardó en llegar a todos los medios de comunicación españoles, hecho previsible teniendo en cuenta que se trata de un premio Príncipe de Asturias a la Concordia, que llevaba medio siglo de labor filantrópica. Hasta allí, nada fuera de lo común. El problema está en la forma en que se comunicó.
Como en una cascada de dominó, periodistas, políticos/as, opinadores/as de antena fueron sumando sus palabras cargadas de adjetivos detrás de una única idea: la cooperación y la solidaridad se han quedado huérfanas. Y acto seguido, la canonización mediática, sin matices. Aquí se recogen algunos ejemplos:
La muerte del gran filántropo tituló Juan Bedoya el obituario publicado en El País el día de la muerte de Ferrer, que comienza con una distinción curiosa: “Hay personas que no deberían morir, porque son valiosas, porque son amadas, porque son únicas”, frase atribuida al padre Ángel García, sacerdote católico diocesano fundador de Mensajeros de la Paz. De la pluma del periodista, otra frase: “Vicente Ferrer seguirá vivo, sobre todo, entre los pobres de solemnidad a los que ayudó de todas las maneras posibles en Anantapur, una zona rural en los desiertos del sur de la India. Su inmortalidad son los hospitales, escuelas, casas, pozos, caminos, etcétera que levantó con un tesón sobrehumano en cientos de comunidades y pueblos.”
Muere Vicente Ferrer, el hombre que llevó la esperanza a la India, tituló ABC el mismo día, y agrega: “Vicente Ferrer ha dejado 135.000 huérfanos, exactamente el número de niños apadrinados en la actualidad”, revelándonos la incapacidad del pueblo hindú para tener esperanza por sí mismo. Y más titulares del estilo: Un ejército de agradecidos; El cooperante más importante del siglo XX; El filántropo inmortal; El hombre por quien lloran los parias; El “español con corazón de indio”….
La beatificación ha comenzado y es tentadora. El Ministerio de Asuntos Exteriores rápidamente crea el Premio Vicente Ferrer a la Cooperación. Y el presidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, va más allá y pide el premio Nobel de la Paz para la Fundación, idea que no tarda en apoyar el Senado y asegura que impulsará la candidatura.
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